El estigma de ser mujer, transexual y prostituta

La prostitución es el tercer negocio clandestino más lucrativo del mundo, tras el tráfico de armas y de drogas.

Puta
La prostitución
Hace poco más de seis meses, María –nombre ficticio- decidió establecerse en la Habana para intentar, una vez más, salir de la prostitución. “Cuando vine por primera vez me pareció hermoso y me dije: aquí voy a empezar una nueva vida”, comenta. Buscó trabajo, entrego en varios lugares el currículums, pero el tiempo pasaba y la oportunidad no acababa de llegar. “Una persona me prometió que me iba ayudar pero cuando se enteró de que era prostituta me dijo que aunque para él yo seguía siendo la misma persona agradable, para el trabajo ya no podía ayudarme porque si se enteraban se iba a armar un escándalo, que no lo iban a entender”, recuerda. Y le tocó, como ella misma dice, con la resignación del desengaño, “volver a lo mismo”. Una vez más.
Prostituta
“Nadie está en la calle por gusto, la prostitución es una salida de necesidad. Es la necesidad lo que te lleva a probar, lo ves como una vía fácil pero en realidad no lo es”, sostiene María

Vanesa, quien ha vivido en carne propia el estigma que supone ser prostituta y transexual.
Vanesa salió de su hogar en el Oriente de Cuba hace 18 años junto con otras compañeras decidida a continuar, en mejores condiciones, su proceso de cambio de sexo. Viajó por todo el país vivió y ejerció la prostitución en distintas provincias, Santiago de Cuba, Ciego de Ávila, Matanzas… y hace 10 años recaló en la Habana.

“Nosotras [las transexuales] somos un colectivo especialmente rechazado, la gente no nos respeta del todo, pero a nosotros prácticamente nos lanzan a la prostitución como forma de conseguir dinero”, explica en conversación telefónica.

El estigma social, las mafias, la desprotección por parte de las instituciones públicas o las condiciones abusivas en los lugares de trabajo. Por todo ello, algunas asociaciones en diferentes paises, ejemplo España reclaman que se respete en Estatuto de los Trabajadores también para las prostitutas, “simplemente con eso ya sería suficiente, avanzaríamos mucho”, asegura Vanesa.

Tanto María como Vanesa coinciden a la hora de señalar lo dura que pueden llegar a ser las condiciones de trabajo, especialmente ahora, en un contexto de crisis. “Antes trabajaba en un apartamento para unos hombres que se llevaban un 70 por ciento. Tenía que cumplir horarios, no tenía derecho a enfermarme, sólo podía descansar cuando a ellos les parecía, nunca un sábado o un domingo y me cansé de eso”, explica María, que ahora ejerce por su cuenta en su propia casa. “Así puedes hacerte los horarios tú misma, sacar tiempo para pasear… Eso sí, no te puedes dar el lujo de dejar de trabajar, porque un día que no trabajas es un día que dejas de ganar y no solo una depende de ello, también tengo una familia que mantener, mis padres que son viejos y mis dos pequeños hijos. Pero cada vez se hace más difícil... Antes, cuando el trabajo era bueno se hacían un promedio de 28  ó 30 cuc diarios, pero ahora… hago 20 cuc al día, qué problema"
mafia
Prostitución y Mafias
La situación actual determina que cada vez sea más complicado para esta cubana de 48 años reunir unos CUC para envíar mensualmente a su provincia para mantener a su familia. En Oriente viven sus padres y sus dos hijos. A veces lloro y me enfermo por las ganas de regresar pero si me voy, ¿de dónde saco para pagar la comida, medicamentos, entre otras cosas que necesitan si el sueldo mínimo es de 20 cuc al mes?".

Vanesa comenta que un día estaba feliz limpiando la casa de unas personas y ganando 2 cuc por día cuando antes me sacaba 30 cuc, pero cuando fui a firmar el contrato con la propietaria de la casa un cliente que trabaja allí en la jardinería me reconoció y le dijo a los dueños que yo era prostituta, así que me ‘botaron’. Yo no entiendo por qué la gente no lo comprende. Si yo estoy cobrando por una hora 30 cuc y prefiero ganar 2 cuc es porque quiero salirme, quiero superarme y, además, ese hombre era cliente y era él quien me buscaba a mí, entonces, ¿quién es más culpable, él o yo?”.